miércoles, 23 de abril de 2014

Celos entre hermanos

Los celos, son un estado afectivo caracterizado por el miedo a perder o ver reducidos el cariño y la atención de alguien querido. En un sentido estricto, se entiende, como el sentimiento producido por el temor de que la persona amada prefiera a otra; frecuentemente, este sentimiento va acompañado de envidia - resentimiento hacia quien se percibe como rival.

La persona que siente celos percibe la realidad algo distorsionada; considera que es menos querida que antes, parece tener un radar que le trae a la memoria lo que le produce angustia, su autoestima suele ser baja, vive con ansiedad, puede experimentar rechazo a aquello que le produce satisfacción, le cuesta centrarse en actividades que exigen concentración, o se aísla en su mundo. 

En la familia, la rivalidad entre los hermanos por conseguir el afecto y la atención de los padres suele ser el principal y primer motivo de celos. Los celos son un estadio relativamente normal que hay que superar y no tienen importancia sin son circunstanciales y pasajeros, pero hemos de prestarles atención cuando alteren la convivencia y el desarrollo normal del niño o sean persistentes y no remitan pasados los cinco años de edad. Si se perpetúan pueden conducir a un desarrollo anómalo de la personalidad, apareciendo síntomas muy diversos, como agresividad incontrolada, manifiesta inseguridad, regresión y desajuste en las relaciones interpersonales (desconfianza, terquedad y envidia). 

La duración de la situación de celos que vive un hijo en la familia depende mucho de la actuación de los padres. Sus consecuencias sobre el hijo mayor o los hijos mayores pueden quedarse en una crisis temporal, que se padezca dentro de unos límites razonables, o enquistarse durante toda la infancia. La intervención de los padres es esencial para que los celos no representen un sufrimiento para el niño mayor, evitando que la rivalidad entre los hijos sea duradera.

PAUTAS A SEGUIR

Algunos de los consejos que podrían aplicarse ante la presencia de celos desproporcionados son los siguientes:

1.- Se deben reforzar los comportamientos que implican cooperación, afecto, cuidado… En este caso el llamado “refuerzo social” (elogios, abrazos o prestar atención) es un medio adecuado para aumentar la probabilidad de que se dé una conducta. 

2.- Ignorar las conductas de celos. Es un buen método para eliminar una conducta. Los padres deben saber que al principio la conducta aumentará de intensidad ya que el niño buscará la recompensa que obtenía antes. 

3.- El castigo es otro procedimiento que utilizado correctamente puede ser eficaz. Sin embargo, será la última alternativa. 

Lo adecuado es tener planificado de antemano un repertorio de castigos (ej. retiro en su cuarto durante un tiempo, no ver el programa favorito en televisión…), cómo y cuando se aplicará. 

El castigo se aplicará inmediatamente e irá acompañado de 1) una oportuna explicación de por qué se castiga, además de señalar qué se debe hacer para actuar correctamente, y 2) la oportunidad de que el niño pueda realizar la conducta correcta administrándose inmediatamente el refuerzo. 

4.- Evitar comparar continuamente a los hermanos entre sí. 

Enfatizar las ventajas de ser mayor. Mostrar la cantidad y variedad de experiencias que la edad le reporta. Especificar, por ejemplo, los privilegios o cosas que él/ella ya puede hacer. 

5.- El juego es un medio eficaz para suavizar las relaciones fraternas conflictivas, lo cual es más apropiado cuando existe poca diferencia de edad entre los hermanos.


Aquí tenéis un vídeo resumen sobre los celos infantiles:



¿Cómo manejáis los celos de vuestros hijos/as?

miércoles, 16 de abril de 2014

Rabietas infantiles

Las rabietas son comportamientos o arrebatos emocionales negativos o desagradables que se presentan con frecuencia en respuesta a deseos o necesidades insatisfechas. Las rabietas tienen mayor probabilidad de presentarse en niños pequeños o en alguien que no pueda expresar sus necesidades o controlar sus emociones cuando está frustrado.


Hay diversas razones que provocan las rabietas: el niño busca atención, está cansado, tiene hambre o tiene alguna molestia. Además las rabietas son a menudo el resultado de la frustración del niño con el mundo: no pueden conseguir algo (por ejemplo, un objeto o la atención de uno de sus padres) para hacer lo que quieren. La frustración es una parte inevitable de sus vidas a medida que aprenden cómo funcionan las personas, los objetos y sus propios cuerpos.


Otro aspecto al que se enfrentan los niños pequeños es una necesidad creciente de autonomía. Los niños pequeños desean tener la sensación de independencia y controlar su entorno en una medida superior de lo que realmente son capaces. Esto crea las condiciones perfectas para las luchas de poder cuando el niño piensa: "Quiero hacerlo solo" o "O quiero eso, dámelo". Cuando los niños descubren que no pueden hacer las cosas o no pueden tener todo lo que quieren, ya está dispuesta la escena para una rabieta. 


¿Qué debo hacer cuando mi hijo tiene una rabieta?


los expertos en la materia aconsejan un método simple para cortar con estos ataques: dejar de prestarle atención.


Tan sencillo como esto. Cuando el niño tenga una rabieta lo mejor es irse de la habitación y dejar al niño solo. Hay padres que se preocupan mucho al abandonar la habitación por miedo a que el niño se ahogue pero lo cierto es que nada le ocurrirá.


Lo mejor es no perder la paciencia ni amenazarlo con castigos sino simplemente dejarlo para que se le pase. Si el niño llora, patalea o grita, sólo hay que apartar los objetos para evitar que se haga daño pero déjalo hasta que se canse. Nada evitará la rabieta y por eso lo mejor es dejarlo solo para que se calme y luego hablar con el niño y explicarle las cosas de forma muy directa y breve.


Tenemos que elogiar al niño cuando logra dominarse y calmarse, cuando expresa su enfado con palabras y se muestra dispuesto a cooperar. Los mayores tenemos que ser un ejemplo para los niños por eso tenemos que intentar mantener la calma, no gritar ni tener rabietas de adulto. No hay que pegarle, porque esto le sugiere al niño que hemos perdido el control. 

Trata de utilizar las siguientes respuestas a los diferentes tipos de rabietas:


1.- No hagas caso a las rabietas motivadas por el deseo de llamar la atención o exigir algo.

Los niños pequeños pueden tener rabietas para salirse con la suya. Tal vez quieran ir a algún sitio, quieran algún dulce, y un largo etc. En las rabietas para llamar la atención el niño puede gemir, llorar, golpear el suelo o la puerta, cerrar una puerta con violencia, o contener la respiración. Mientras el niño permanezca en un solo lugar y su comportamiento no sea destructivo,  puedes dejarlo tranquilo hasta que se le pase.

Si reconoces algún evento en particular que va a hacer que el niño pierda los estribos, trata de desviar su atención hacia alguna otra cosa. Sin embargo, no cedas ante las demandas del niño. Durante la rabieta, si el comportamiento del niño es inofensivo, ignóralo por completo. Una vez que ha empezado, una rabieta rara vez puede ser interrumpida. Aléjate, incluso yendo a otro cuarto para que el niño ya no tenga quien le escuche. No trate de razonar con él. Simplemente dile: "Veo que estás muy enfadado. Te dejaré solo hasta que te calmes. Avísame si quieres hablar". Deja que el niño recupere el control. Después de la rabieta, asuma una actitud amistosa y trata de normalizar las cosas. Tú puedes prevenir algunas de estas rabietas diciendo "No" con menos frecuencia. 

2.- Para las rabietas de tipo perturbador o destructivo, utiliza suspensiones temporales.

Algunas veces las rabietas son demasiado perturbadoras o agresivas para que los padres las pasen por alto. En esas ocasiones, manda o lleva al niño a un lugar que tendremos preparado con una sillita para este propósito, tiene que ser un lugar tranquilo y aburrido y allí tiene que permanecer durante entre 2 y 5 minutos dependiendo de la edad, a más edad más minutos. Algunos ejemplos de comportamiento perturbador son los siguientes:
  • Se cuelga de usted o te sigue de un lado a otro durante la rabieta.
  • Te golpea.
  • Llora y grita durante tanto tiempo que te sientes desbordada.
  • Tiene una rabieta en un lugar público, como en un restaurante. (Lleva al niño a otro sitio para su suspensión temporal). 
  • Tira algún objeto o causa daños materiales durante la rabieta.
  • Sujeta al niño cuando tenga rabietas en las que podría causar daño o lastimarse.
Os dejo un vídeo muy divertido sobre una rabieta:




Hasta el próximo día!

jueves, 10 de abril de 2014

Terrores nocturnos y pesadillas...¿Son lo mismo?

Las pesadillas infantiles y los terrores nocturnos se encuentran dentro de los Trastornos del Sueño del niño y concretamente en el grupo de las parasomnias. 

Normalmente no constituyen trastornos graves pero sí que pueden necesitar asesoramiento o intervención psicológica por los efectos secundarios que pueden producir en el niño (miedo a dormirse, a la noche, a conciliar el sueño sólo, irritabilidad, ansiedad...).


Terrores nocturnos


Los terrores nocturnos son alteraciones del sueño en las que el niño podría sentarse de repente al estar acostado, llorar, gritar, gemir, balbucear y sacudirse con los ojos abiertos, pero sin estar realmente despierto. Debido a que se encuentra en una especie de zona intermedia entre el sueño y la vigilia, no está consciente de la presencia del padre/madre si se encuentra ya a su lado en la habitación y no es probable que responda a nada de lo que le diga o haga.


Son muy alarmantes, porqué los niños pasan de forma brusca de estar profundamente dormidos a incorporarse en la cama, gritando y muy agitados.



A pesar de tener los ojos abiertos, los niños no están totalmente despiertos ni responden a los estímulos externos (por ejemplo a los padres cuando les preguntan). Si llegan a despertarse tardan unos minutos y cuando lo consiguen se sienten desorientados y confusos). Al día siguiente, habitualmente, no recuerdan el episodio y, si recuerdan algo, los contenidos no son muy elaborados, sólo recuerdan algunos detalles aislados.


Pesadillas

Se trata de uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. A diferencia de los terrores nocturnos, una pesadilla deja al niño completamente despierto, puede recordar su sueño y a veces incluso hablar de él, y busca y se siente calmado por la presencia del familiar que acude a su habitación.

Los niños tienen pesadillas durante la fase del sueño en la que se sueña (en la fase REM o de movimientos oculares rápidos), a menudo temprano de madrugada y por la mañana temprano, entre las 2 y las 6 a.m, mientras que por lo general los terrores nocturnos se producen en las primeras horas de la noche, durante el sueño en el que no se sueña. 

El contenido de las pesadillas suele ser muy variado pero siempre existe un componente de peligro para la integridad física del niño. Por lo general no hacen referencia a situaciones reales (salvo en aquellos niños que han sufrido situaciones traumáticas). El episodio suele terminar con el despertar del niño, volviendo éste a un estado de plena alerta y con la sensación de miedo o ansiedad todavía presente. 

Aunque las pesadillas no suelen suponer un riesgo, por sí mismas, para la salud del niño, sí que pueden producir un cierto temor a dormir, en especial, si éstas son frecuentes. 

El primer episodio suele aparecer por primera vez entre los 3 y 6 años.

¿Qué puedo hacer?

Las pesadillas y los terrores nocturnos van desapareciendo a medida que los niños crecen. Lo que no es habitual es que un niño tenga pesadillas o terrores nocturnos recurrentes durante un período de tiempo prolongado. 

En los casos leves, que son la mayoría, los padres deben adoptar una actitud tranquila y de conocimiento del trastorno. Durante los episodios simplemente tienen que vigilar que el niño no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación de la cama y su estado de somnolencia (recordemos que el niño no está despierto).

Algunos aspectos a tener en cuenta serían:
  • No hablarle ni intentar despertarle. 

  • Esperar a que el episodio siga su curso natural pero bajo nuestra vigilancia.

Si estos episodios son muy frecuentes, acude al pediatra para pedirle orientación, en algunos casos es importante la ayuda profesional pero generalmente, la mejor estrategia suele ser simplemente esperar a que remitan.

¿Vuestros hijos han tenido pesadillas o terrores nocturnos? Me encantaría leer vuestras experiencias...

Os espero la semana que viene con una nueva entrada!

martes, 1 de abril de 2014

Guía de desarrollo de 0 - 12 meses

El nacimiento de un hijo es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de toda la familia. Conlleva cambios no sólo en la casa o en las rutinas, sino también en las relaciones que se establecen entre los distintos miembros, sobre todo entre los padres y el bebé.

El niño/a y los adultos que le rodean se sitúan en niveles diferentes, pero para ambas partes las primeras experiencias estarán cargadas de emociones, alegrías, deseos, miedos, dudas y expectativas. El bebé tiene que aprender muchas cosas y los padres vais a estar cerca de él, para sostenerle y enseñarle, también éste va a influir en vosotros a través de su forma de ser, su personalidad y sus actitudes ante la vida.

En estas etapas se observan importantísimos cambios, unos más evidentes que otros. Desde el crecimiento físico, hasta el dominio de distintas habilidades motrices, pasando por los progresos en los conocimientos, el desarrollo del habla, la forma de actuar sobre el mundo, en la expresión y reconocimiento de las emociones y en las relaciones sociales con los demás, el niño avanza de forma vertiginosa hacia un nivel cada vez más elevado de competencias.

El niño viene al mundo provisto de una serie de capacidades, con una dotación genética concreta que va a determinar en parte su desarrollo, pero la influencia del ambiente es muy importante.

Hay que destacar que el ritmo con el que suceden estas adquisiciones en cada niño es particular. Esto supone que no todos los niños a los 12 meses, por ejemplo, comenzarán a caminar, sino que unos lo harán a los 9 meses y otros a los 15, y todo ello forma parte del desarrollo esperado.

La información que incluyo en esta entrada respecto a cómo es el niño debe is tomarla como orientativa, de modo que si a una determinada edad el niño no posee las habilidades enunciadas no debemos alarmarnos, porque puede ser que su ritmo de desarrollo sea más lento, que el entorno que le rodea no sea el más adecuado o por alguna otra razón. No obstante, sí conviene en ese caso que consultéis a vuestro pediatra para descartar alguna dificultad concreta.

ETAPAS DEL DESARROLLO

Cuando nace el bebé

¿Qué puede hacer?
  • Llegáis a casa y poco a poco va conociendo el nuevo ambiente.
  • Se pasa casi todo el día durmiendo. Se despierta y llora si tiene hambre o esta incómodo/a.
  • Suele estar tranquilo/a, pero se sobresalta cuando hay ruidos fuertes, reacciona al sonido.
  • Si le pones boca abajo puede mover la cabeza.
  • Le tranquiliza oír tu voz y aprende a mirarte.
  • Le gusta comer despacio, sin movimientos ni ruidos bruscos.
¿Qué le puedes ofrecer?
  • Necesita que le miréis y estéis cerca, para que os vayáis conociendo.
  • Precisa un ambiente cálido y tranquilo. Tener su espacio, pero no estar aislado de los sonidos propios de la casa.
  • Observa qué le pasa, háblale y cógele. No siempre es necesario que lo tengas en brazos, pero sí que le entiendas y le ayudes a calmarse.
  • Cámbiale de postura con delicadeza.
  • Ayúdale a comer de forma ordenada y tranquila y a dormir siempre en su cuna.
De los 4 a los 6 meses

¿Qué puede hacer? 
  • Si le sientas con apoyos, aguanta la cabeza y la mueve a los lados para ver lo que le rodea, así participa en lo que pasa a su alrededor.
  • Boca abajo puede levantar los hombros apoyando las manos o los codos. 
  • Tumbado boca arriba mueve y se toca las piernas. Cuando le bañas chapotea con las manos y los pies.
  • Le interesan más los objetos, si le enseñas uno tratara de alcanzarlo con sus manos o cogerlo.
  • Si le tapas la cara con un pañuelo, intenta quitárselo y ver qué pasa a su alrededor.
  • Empieza a hacer ruidos con lo que tenga a mano: un sonajero, un papel, golpeando un objeto. Le gusta ver qué pasa cuando mueve los objetos. 
  • Le gusta tirar o mover los juguetes que le cuelgas en las manos y los pies.
¿Qué le puedes ofrecer? 
  • Mécele y balancéale con seguridad, así disfruta de estar contigo y a la vez aprende a controlar su cuerpo.
  • Anímale a cambiar de postura enseñándole cosas llamativas pero no le fuerces, algunos necesitan un poco más de tiempo.
  • Siéntale apoyando su espalda y vigila que no se caiga.
  • Acércale un pie para que se lo coja
  • Deja que se mueva y anímale a hacerlo si a él no le sale.
  • Sentándolo enséñale cosas en distintas direcciones para que se fije y para que estire sus manos e intente cogerlas.
  • Invítale a jugar con objetos apropiados que sean llamativos, seguros y fáciles de coger.
  • Cuélgale juguetes atractivos en la cuna y en el cochecito.
  • Acércale a un espejo para que se vea y hazle gestos, señalale...
De los 7 a los 9 meses

¿Qué puede hacer? 
  • Se puede mantener sentado en el suelo y mirar a su alrededor, esta atento a lo que sucede e intenta alcanzar las cosas y juguetes que le interesan.
  • Puede voltearse cuando esta tumbado y le gusta arrastrarse por el suelo para coger cosas y conocer el espacio donde esta.
  • Le gusta coger los juguetes y los objetos, cambiárselos de mano y golpearlos entre sí.

  • Le gusta dejar caer los juguetes, escuchar el ruido que hacen, buscarlos con la mirada; pero sobre todo, le gusta que tú se los vuelvas a dar y así jugar muchas veces a tirar y recoger.
  • Gira su cabeza y te mira si le llamas por su nombre, y estira sus brazos cuando quiere que le cojas o quiere reclamar tu atención.
  • Entiende algunas cosas sencillas como cuando le dices: ven, adiós… Puede imitar algunos gestos que le enseñas, como el adiós o las palmitas.
¿Qué le puedes ofrecer? 
  • Déjale que se mueva por un espacio amplio, como la alfombra o el suelo pero protégele de los peligros.
  • No le pongas en el tacatá, ni le dejes mucho tiempo en el parque o la sillita solo.
  • Enséñale objetos que le gusten para que intente alcanzarlos, así empezará a cambiar de postura y a moverse solo.
  • Déjale objetos con diferentes colores, tamaños y texturas para que los explore y juegue con ellos.
  • Anímale a hacer ruidos con los objetos y disfruta con él de este juego.
  • Llámale y espera a que te mire o que te responda de alguna manera. 
  • Cuando hace gestos para que le cojas o le atiendas, préstale atención.
  • Enséñale cosas y dile su nombre.
  • Ponle delante del espejo. 
  • Juega mucho con él a hacerle reír y espera a que te pida seguir jugando.
De los 10 a los 12 meses

¿Qué puede hacer? 
  • Cambia de una postura a otra: de sentado a tumbado, a rodillas ...
  • Apoyándose en algo puede ponerse de pie.
  • Se desplaza de un lado a otro gateando o a veces de otras maneras.
  • Empieza a dar los primeros pasos sujeto de las dos manitas.
  • Puede sacar y meter objetos en un recipiente.
  • Se fija en objetos pequeños e intenta cogerlos con el dedo índice y el pulgar.
  • Busca un juguete que has tapado delante de el.
  • Intenta repetir acciones para ver qué pasa: dar al interruptor de la luz, apretar un botón, tirar de una cuerda para coger algo…
  • Comprende cuando le dices que “no” o le dices “dame”, “ven”, “adiós”.
  • Señala y/o busca algún objeto conocido cuando le preguntas “¿dónde está el…?”
  • Puede decir algunas palabras a su manera: mamá, papá, agua, pan.
  • Pide lo que quiere señalándolo y haciendo sonidos.
  • Imita gestos cuando le cantas una canción.
  • Puede beber de un vaso si le ayudas.
¿Qué le puedes ofrecer? 
  • Anímale para que se desplace y cambie de postura para conseguir algo.
  • No insistas en que ande si aún no esta preparado.
  • Déjale que intente coger cosas pequeñas pero vigílale para que no se las lleve a la boca.
  • Juega con el/ella a esconder los juguetes para que los busque y aparezcan.
  • Déjale que descubra lo que pasa cuando hace algo. Si se lo haces todo aprenderá menos. 
  • Enséñale a señalar las cosas que le gustan.
  • Háblale mucho. Dile el nombre de las cosas para que vaya comprendiendo lo que son.
  • Enséñale los sonidos que hacen los animales y anímale a repetirlos.
  • Repítele correctamente las palabras que dice. No le digas las palabras mal dichas aunque te haga gracia.
Espero que esta información os sirva de ayuda...hasta el próximo día!