jueves, 27 de marzo de 2014

La primavera también afecta a los niños

El cambio de tiempo puede hacer que tu hijo se muestre cansado, más triste, nervioso, apático, que esté más cansado, con insomnio e inapetente, si tu hijo presenta estos síntomas y esto coincide con la primavera este muy posible que le esté afectando la astenia primaveral. 

La primavera no sólo supone más horas de sol y buen tiempo, también puede afectar a la salud de los más pequeños de la casa. Las alergias y la astenia pueden alterar su bienestar y su estado de ánimo.

Estos síntomas, en general, de carácter leve suelen manifestarse coincidiendo con el cambio de estación y son conocidos como síndrome de astenia primaveral infantil. En principio, suelen durar entre una semana y quince días, que es aproximadamente lo que le cuesta a nuestro organismo en adaptarse a los días de sol más largos y a las nuevas temperaturas que aparecen en esta estación.

La causa de la astenia primaveral parece estar relacionada con el cambio de tiempo, que causa una alteración en el ritmo biológico del pequeño. La astenia ocurre debido a una alteración del ritmo biológico debido al cambio de las horas de luz. Además, los expertos resaltan que ocurre debido a una disminución de la betaendorfina, sustancia segregada por el sistema endocrino y que es la encargada de regular las sensaciones de bienestar y malestar. Es decir, la sustancia encargada de causarnos bienestar.

Parece que un 10% de las personas se ven afectadas por este cambio de estación, entre los que se encuentran muchos niños.

¿Qué puedes hacer?

Estas son alguna pautas fundamentales que puedes seguir para que recarguen las pilas cuanto antes:

- Fijarles unos horarios fijos de sueño y de alimentación. Así su organismo estará más predispuesto al descanso y a dormir cuando llegue el momento de irse a la cama y su estómago empezará a segregar más jugos gástricos cuando tengan que comer.

Así conseguiremos que los pequeños no gasten energía en desvelarse ni en forzarse a comer sin apetito y que invertirán esa energía para mantenerse más enérgicos y estar de mejor humor.

Intenta no retrasar la hora de la cena de tu hijo, aunque aún sea de día y parezca más pronto. Si lo haces, también se acostará más tarde y le restarás horas de sueño, justo lo contrario de lo que necesita para reponerse de su cansancio.

- Evita que pasen muchas horas sin comer. No comer durante mucho tiempo puede producirles  bajones de azúcar que agudizan la irritabilidad y el cansancio de los niños.

Si le acostumbras a realizar cinco comidas sanas y ligeras al día, en lugar de sólo tres más copiosas, no pasará más de cuatro horas seguidas sin alimentarse y así prevendrás este riesgo.

- Proporcionales una dieta equilibrada, completa y variada, acorde a su edad.

- Vigila que estén muy bien hidratados. Habitualmente los niños se concentran tanto en sus juegos que no se dan cuenta de que tienen sed, y esta falta de agua en el organismo altera su equilibrio hídrico y produce decaimiento y malestar.

Por todo esto, debes ofrecer agua a tu hijo frecuentemente, aunque él no te la pida, para que así, en el momento en que la necesite, pueda disponer de ella.

¿Has observado en tu hijo alguno de estos síntomas?

Nos vemos el próximo día!


sábado, 22 de marzo de 2014

¿Por qué mienten los niños?

¿Cuántas veces nos ha tocado, como padres o profesionales, estar frente a la mentira de un niño? A veces de la manera más inocente, y otras veces con verdadera premeditación, lo cierto es que la mentira en los pequeños es casi una forma normal de comunicarse en el ambiente en que cotidianamente se desenvuelven.

Pero esto mismo ocurre en los adultos, en nuestro mundo actual, sería muy cínico decir que uno siempre dice la verdad. La verdad es que todos mentimos, sólo que en muchas ocasiones no sabemos realmente la razón. En el mundo adulto, la mentira es casi un instrumento más para la supervivencia.

Por qué mienten los niños

Los niños poseen todo un mundo mágico lleno de fantasías donde ésta se mezcla con la realidad,hasta el punto de que es difícil distinguir una de la otra. Por ejemplo, cuando son pequeñitos inventan historias fantásticas e incluso tienen un “amigo imaginario” con el que conversan y juegan, o también escuchamos que habla con sus muñecos/as y les atribuye cualidades que aparentemente no poseen. Estas conductas son completamente normales.

Este tipo de mentiras permiten estimular la fantasía y creatividad del niño y mejorar su capacidad para el lenguaje, ya que, para contar una mentira, el/la niño/a necesita utilizar más palabras que para explicar un hecho que ha ocurrido realmente.

Cuando el niño empieza a tener más conciencia de la realidad, los motivos por los que miente cambian radicalmente. En general, sus mentiras se vuelven mucho más deliberadas: el niño puede mentir por miedo, para evitar un castigo o que le riñan, para obtener un beneficio, para llamar la atención e, incluso, por imitación.

Ante las mentiras, ¿Cómo debo actuar?

Evitemos sermonear, sólo debemos explicarle que entendemos sus razones para evitar ser castigado, pero que para mantener la confianza de los demás, es imprescindible que sea honesto y sincero.

Habla con él sobre la importancia de decir la verdad, pero sin hacerle grandes discursos morales. No hace falta que le expliques que mentir es malo. Simplemente, hazle comprender que, cuando se dice la verdad, se gana vuestra confianza y la de los demás.

Nunca dejes en ridículo a tu hijo cuando cuente una mentira, es mejor que hables con él en privado. Tampoco es bueno que recurras a castigos ni a comportamientos agresivos.

Cuando te enfrentes a una mentira, debes actuar con paciencia y tranquilidad. Hazle entender que no te crees lo que te está explicando, pero demostrándole que, a pesar de todo, le sigues queriendo mucho.

Predica con el ejemplo: nunca digas mentiras en su presencia, ni prometas cosas que luego no puedas cumplir. De lo contrario, le estás enseñando que mentir es una conducta aceptable.

Busca ayuda profesional si el niño miente con mucha frecuencia, ya que puede ser síntoma de un problema importante que vale la pena analizar.

Otras sugerencias

1.- Deja de hacer preguntas que inviten a mentir. Estas preguntas son aquellas de las cuales tú ya sabes la respuesta. ¿Limpiaste tu habitación? En lugar de eso dile, “Veo que no has limpiado tu habitación, ¿Quieres que hagamos un plan para limpiarla?”

2.- Céntrate en las soluciones a los problemas en lugar de culpar. “¿Qué podemos hacer para tener las tareas hechas?” En lugar de “¿Has hecho tus tareas?”

3. Se honesto. Dile “Eso no me parece que sea verdad”. La mayoría de nosotros no decimos la verdad cuando nos sentimos atrapados, asustados o amenazados de alguna forma, sería más adecuado utilizar preguntas como...¿Por qué no nos tomamos un tiempo fuera ahora? "Más tarde estaré disponible para ti si quieres compartir conmigo qué es lo que te pasa.”

4. Respeta la privacidad de tus hijos cuando no deseen compartir contigo sus motivos.

¿Sobre que cosas mienten vuestros hijos? ¿Cómo lo abordáis? Espero vuestros comentarios...

Hasta el próximo día!!

jueves, 13 de marzo de 2014

Miedos infantiles

Qué tengan miedo los niños es algo habitual. Los miedos de los niños son evolutivos, es decir, son naturales y van cambiando según la edad del niño, por esto no se tienen miedo a las mismas cosas a medida que van creciendo. La clave está en ir superándolos cada uno de los miedos que se van presentando en su momento y a la edad en la que aparece, evitando que se queden bloqueados y que se acumulen a lo largo de su crecimiento, convirtiéndose en un "niño miedoso".

Miedos evolutivos normales

Edades Miedos
0 a 1 añoMiedo ante personas o estímulos desconocidos 
2 a 4 añosMiedo a los animales
4 a 6 añosMiedo a la oscuridad, a las catástrofes, y a los seres imaginarios (monstruos y fantasmas)
6 a 9 años Miedo al daño físico o al ridículo debido a no poseer las habilidades escolares y deportivas adecuadas
9 a 12 años Miedo a los incendios, accidentes, a contraer enfermedades graves. 
12 a 18 años Miedos relacionados con el autoconcepto personal (capacidad intelectual, aspecto físico, temor al fracaso) y con las relaciones sociales.


¿Cuándo un miedo se convierte en un problema?

El miedo es un sistema primitivo de alarma que nos ayuda a evitar situaciones potencialmente peligrosas. 

Por todo esto, es importante marcar la diferencia entre los miedos evolutivos, pasajeros y naturales que forman parte del curso normal del niño y los miedos patológicos que pueden precisar una intervención clínica. A estos últimos se les conoce habitualmente con el nombre de“fobias” y se presentan estas dos características:
  • El miedo es desproporcionado. Es decir,  aparece ante situaciones que no justifican la respuesta evocada o esta última es demasiado intensa en relación al estímulos que la provoca.
  • El miedo resulta desadaptativo. Produce gran malestar al niño y repercute significativamente en su funcionamiento diario, interfiriendo en sus entornos rutinarios (como en el colegio, en la familia, actividades de ocio y relaciones sociales, etc).
¿Cómo se convierte en una fobia?

En la mayor parte de ocasiones  lo que explica que un miedo normal que debería superarse de forma espontánea se mantenga y se intensifique en el tiempo, se explica por las conductas que los padres y el propio niño empiezan a hacer. Cuando comienza el pequeño a desarrolla miedo ante un estímulo por lo general comienza una serie de conductas encaminadas a evitar la aparición del estímulo que genera el malestar o, una vez que éste se presenta, intenta escapar de él. 

Por ejemplo, un niño que teme a los perros podrá no querer salir a la calle o evitar cruzarse con un animal por la misma acera, hacer que escondan al perro cuando va a una casa en la que haya algún perro...y en los casos más extremos, mostrar tremenda angustia, llorando y gritando para dejar patente su miedo. Por lo general, cuando los padres se encuentran en casos como estos, les es complicado saber cómo enfrentarse y como actuar ante este miedo de su hijo, intentan poner en funcionamiento estrategias que creen que ayudarán al pequeño a sentirse mejor. Lo que pasa en la mayoría de ocasiones es que las estrategias utilizadas que hacen los padres o el propio niño creyendo que así se sentirá mejor, no siempre es lo más adecuado para él, ni lo más oportuno para ayudarle a superar su miedo. Acceder a las demandas del hijo, permitiéndole evitar los estímulos temidos, en lugar de un avance en la superación del miedo, constituye un avance hacia el incremento de éste, y es que, los miedos crecen cuando evitamos afrontarlos.
¿Por qué los miedos crecen cuando los evitamos?
El porqué de que un miedo se mantenga y aumente se encuentra en el los mecanismos de aprendizaje que se ponen en marcha cuando aparece nuestro temor. Cuando el estímulo temido se presenta, este nos provoca una reacción corporal automática que ha sido asociada con dicho estímulo de forma que se repite cada vez que el miedo aparece. 

Esta reacción puede ser desde que nuestro corazón palpite más rápido, al igual que crezca el número de respiraciones, la tensión de la musculatura, el incremento de la temperatura corporal, de la sudoración, etc. Antes que esta respuesta fisiológica, se pone en funcionamiento una respuesta cognitiva que es lo que pensamos acerca de la situación, valorar el grado de peligro que tiene, nuestras posibilidades de evitarlo… Algo bastante frecuente es comenzar a pensar sobre las cosas malas que nos podrían suceder. Esto es habitual en algunos miedos infantiles como en el miedo a la oscuridad, donde la imaginación juega un papel fundamental. Esta respuesta cognitiva ayuda a acrecentar la respuesta psicofisiológica, aumentando el malestar y la tensión. 

El tercer elemento de la respuesta de temor es la conducta motora, es decir, lo que hacemos cuando nos encontramos en la situación o el estímulo temido o cuando creemos que va a aparecer. Dentro de esta categoría se encuentran las respuestas de escape o evitación que nos ayudan a distanciarnos o poner fin al estímulo temido (Por ejemplo si un niño, como en nuestro ejemplo anterior, tiene miedo a los perros y sabe que en el parque es muy probable que encuentre a alguno, puede dejar de querer ir al parque, si le da miedo la oscuridad puede pedir a mamá o a papá dormir con él o que le acompañe a entrar en las habitaciones oscuras…).
¿Qué puedo hacer?
  • Demuestra tranquilidad  y  transmitela. El niño mediante el aprendizaje por modelado (imitación) interioriza los patrones que ve dentro de su familia. Si mostramos tensión, le enseñamos al niño a tener tensión.
  •  No  obligues  al  niño  a las situaciones, cosas y objetos que le dan miedo. Elabora un  plan  de  acercamiento paulatino.
  • Tu ejemplo es la mejor arma. Enseña al niño que no pasa nada en esas situaciones que le producen temor.
  •  Bajo ninguna circunstancia ridiculices al niño y respeta sus miedos.
  • Si el niño es pequeño (1 a 4 años) utiliza algún cuento inventando con algún objeto o situación concreta que le ayude a superar ese miedo (recuerda la pluma de Dumbo).
  • Cuando sea más mayor (5 a 9 años).  Acompáñale y ayúdale a enfrentarse a los miedos, utiliza el juego y el humor (si tiene miedo a la oscuridad, juega con él encendiendo y apagando la luz) de esta forma se reducen sus temores.
  • Si ves que los miedos persisten con el tiempo e incluso se intensifican lo mejor y más adecuado es buscar ayuda profesional para que evalúe y confeccione un tratamiento eficaz para que poco a poco vaya desapareciendo el malestar del pequeño. En nuestro centro de psicología podemos ayudarte, infórmate sin compromisos www.tupsicologovalencia.com.
¿Crees que ha sido una entrada interesante y útil? Me encantaría saber tu opinión y que la compartieras en las redes sociales, puede ayudar a otros padres.

Hasta el próximo día!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Adolescentes y drogadicción

Hoy en día los niños y jóvenes oyen hablar de drogas en todas partes, en la tele, por la radio, en las noticias, en la música y en las películas, en la calle e incluso en el parque.

Los años de la preadolescencia (parece que está empezando cada vez más pronto) y la adolescencia son los rangos de edad más propensos para comenzar a consumir drogas. Empezar en el consumo de drogas en edades tempranas como las que estamos hablando aumenta la probabilidad de que se presenten problemas de adicción en la edad adulta. 


En la medida en que los niños se van acercando a la adolescencia empiezan a ver las cosas de forma diferente, nada les parece imposible, ninguna situación tiene riesgos, todo es novedoso, excitante y precisa ser explorado. Involucrarse en lo desconocido para asumir nuevos retos, aprender experiencias y crecer, convertirse en un adulto experimentado y decidido, se convierte en su principal objetivo. Pero esta actitud, a su vez, lleva a que algunos adolescentes tomen más riesgos que otros sin tener la habilidad para marcar límites y para observar las normas y valores que le llevarán a un crecimiento sano y equilibrado.


Con la idea de que todo lo puede, el joven adolescente, se presenta dispuesto a aceptar multitud de retos, desea probar/experimentar todo y demostrar que puede controlar cualquier cambio que se le presente, aunque esta actitud incluya hacer uso de bebidas alcohólicas, fumar y "probar" otras sustancias.

¿Qué puedes hacer para ayudarles?

Estas son algunas de las recomendaciones que te hago para prevenir el consumo de drogas de tus hijos/as:

- Habla con ellos sobre las drogas. Explícales qué son, cómo el consumo puede dañar su salud, sus amistades, familia y su futuro. 

- Se parte activa de la vida de tus hijos. Pasa más tiempo con ellos. Incluso en momentos complicados, los hijos necesitan saber  que te preocupas por ellos.

- Averigua dónde pasan tiempo tus hijos, con quién y qué hacen. Dar seguimiento a tus hijos ayuda a protegerlos. Reduce las  posibilidades de que tengan contacto con las drogas.

- Establece reglas claras y haz que se cumplan de una manera justa. Los niños precisan reglas que puedan seguir. Así es como aprenden por ellos mismos lo que es seguro y lo que puede hacerles daño.

Conviértete en un buen ejemplo para tus hijos. Aunque a veces te cueste creerlo, los hijos admiran a sus padres. 

- Enséñale a tus hijos cómo decir NO a las drogas. A menudo, los jóvenes comienzan en el mundo de las drogas sólo para conseguir ser aceptados en el grupo. Ayúdales a practicar como decir no si alguien les ofrece drogas.

¿Qué señales pueden disparar las alarmas?

Las principales señales que nos pueden indicar uso de alcohol y/o abuso de drogas por parte de nuestro hijo/a adolescente pueden incluir:

-. Señales físicas: fatiga, quejas sobre su salud, ojos enrojecidos y sin brillo, tos persistente, etc.

-. Señales emocionales: cambio de personalidad, fluctuaciones de humor, irritabilidad, irresponsabilidad, baja autoestima, carencia de juicio, depresión, falta general de interés por cosas que antes le gustaban, etc.

-. Señales familiares: aumento de discusiones, desobedecer las reglas, aislarse o dejar de comunicarse con la familia, mayor irritabilidad, etc.

-. Señales escolares: interés decreciente, actitud negativa, no realizar sus deberes, calificaciones bajas, ausencias frecuentes y problemas de disciplina, etc.

-. Señales sociales: nuevos amigos con intereses distintos que le alean de las actividades normales de la casa y de la escuela, problemas con la justicia, cambio en la forma de vestir, cambio en los estilos de música, etc. 

Guía para familias

Además os propongo la guía "Ayuda a hijos e hijas frente a las drogas" realizada por el gobierno de Navarra. Ha sido coordinada por el Plan Foral de Drogodependencias de Navarra, sección de Promoción de Salud Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra

Su autor Gorka Moreno Arnedillo ha recogido en ella temas muy interesantes para los padres como por qué un adolescente consume drogas, qué se puede hacer desde dentro de la familia, cómo afrontar la situación, tipos de drogas y un largo etc que va a hacer que los padres estén bien documentados sobre el tema y les va a dar una serie de recursos para abordar el tema de las drogas con sus hijos de una forma más eficiente y positiva.

Para descargar la guía pincha AQUI  o en la siguiente imagen...


Si buscas ayuda con tu hijo adolescente o con algún familiar que tenga algún problema de drogadicción no dudes en ponerte en contacto conmigo en el 645 962 654 o en psicoeducavlc@gmail.com, puedo ayudarte!!

¿Qué os parece este recurso para ayudar en la educación de vuestros hijos/as?

Muchas gracias por seguirme, la próxima semana más!!